Manifiesto

EL APEGO Y EL AFECTO QUE NOS UNE

La Franja de Aragón (Franja de Ponent en catalán; Francha d’Aragón en aragonés) es una zona oriental de Aragón, limítrofe con Cataluña que atraviesa de norte a sur las provincias aragonesas.

Como todo territorio de transición no tiene límites unánimemente admitidos, y varían desde los 70 municipios que algunos le confieren, hasta los 57 que otros le atribuyen, desde 46.000 ciudadanos que viven y trabajan allí hasta los 70.000 que otros le asignan. Todos ellos tienen algo en común: hablan catalán y viven en Aragón. La Franja tiene su propia identidad, —ser tierra de fusión entre Cataluña y Aragón— donde todo es híbrido, catalán y aragonés a un tiempo.

Para nosotros La Franja es un símbolo de toda España: tierra mezclada donde, sin que nadie renuncie a lo que es, lo vasco se funde con lo riojano y burgalés, lo cántabro con lo vasco y lo astur, lo astur con lo gallego y lo castellano, lo extremeño con lo salmantino y lo andaluz, lo valenciano con lo murciano y catalán, y así todas las combinaciones posibles de tierras híbridas, de tierras de transición. Incluso algunas se abrazan sin límites geográficos comunes: en verdad no se puede entender España sin las simpatías mutuas entre vascos y catalanes, catalanes y andaluces, asturianos y madrileños.

Este es el símbolo de lo que muchos somos y queremos seguir siendo: una franja, que no es frontera que divide, sino tierra mestiza, incapaz de entenderse a sí misma si no se reconoce en esa mezcla. Tal es la metáfora que queremos utilizar como nuestro emblema: los ciudadanos de los diversos pueblos de España, para ser la mejor versión de sí mismos, no pueden prescindir de los otros. Más específicamente: el resto de los españoles no nos podemos entender a nosotros mismos sin asimilar lo catalán que hay en nosotros. Y a la inversa: los catalanes no se pueden entender a sí mismos sin asimilar la impronta del resto de los pueblos de España.

Planteamientos económicos, financieros o geoestratégicos aparte, esa condición híbrida adquiere su expresión más fuerte y genuina en la esfera de de los afectos personales. Afectos compartidos que abarcan un pasado, un presente y deberían también perdurar en el futuro.

Hemos ido cimentando nuestro cariño en todos los órdenes de la vida:

En política y en nuestra historia reciente, la lucha antifranquista fue una lucha entretejida por jóvenes de toda España. En el Sindicato de Estudiantes se mezclaban y trabajaban juntas gentes de Cataluña, Madrid o País Vasco; lo mismo en las históricas Comisiones Obreras. ¿Qué antifranquista gallego, asturiano o andaluz no tuvo como compañero de armas a colegas o camaradas catalanes? Y en la España democrática ¿cuántos y cuántos parlamentarios y ministros catalanes han llevado adelante tareas cruciales en los más diversos ámbitos de la política española trabajando codo con codo con políticos del resto de España?

En el mundo cultural, conviene recordar, por ejemplo, que la Feria de Abril de Sevilla surgió a iniciativa compartida entre el Cabildo sevillano junto a vascos (Ybarra) y catalanes (Bonaplata). ¿No han sido los Premios Planeta y los Premios Nadal ejemplos arquetípicos, a partir incluso de la persona que los impulsó, de esa naturaleza híbrida que queremos señalar? Y en un terreno más cercano a la realidad de la calle, ¿no son Serrat y Sabina un auténtico símbolo de esa Franja cuyo espíritu nos proponemos resaltar? ¿No ocurre lo mismo con la barcelonesa Loles León y la madrileña Carmen Maura? ¿Se puede entender a  Elena Arzak sin la influencia de la cocina de su padre y la de Ferrán Adriá?

En el mundo del arte, fue una iniciativa común de vascos (Bergamín y Larrea), catalanes (Josep Lluis Sert) y valencianos (Josep Renau), la que entusiasmó a un malagueño universal, Pablo Picasso, para dar a luz la obra más inmortal de nuestro siglo XX: el Gernika. Y, ¿no forjaron juntos sus ambiciones en sus años en la Residencia de Estudiantes Buñuel y Federico García Lorca con Dalí el de Figueres? En otro plano más cercano, ¿no es la rumba, de origen cubano, un producto híbrido español y catalán que, como las dos caras de un espejo, nos muestra a un tiempo a El Fary y a Peret? ¿No es un símbolo de La Franja el hecho de que Manolo Escobar quisiera que se esparcieran sus cenizas en la Almería donde nació y la Barcelona a la que emigró en su juventud?

En el mundo de la empresa, ¿no ha sido un itinerario normal en el crecimiento de las empresas globales de nuestro país, nacer en Cataluña, conquistar los mercados nacionales y dar el salto a los mercados globales? ¿No ha sido Barcelona la capital de toda la industria editorial española? ¿Se podría entender la industria pesquera gallega sin la iniciativa de empresarios catalanes? Los ejemplos se pueden extender a muchos otros sectores como la banca, el textil, el sector energético, los grandes bufetes de abogados…Y ¿no significa todo esto que hay miles de directivos y profesionales en toda España trabajando diariamente codo con codo con sus colegas catalanes?

En el mundo del deporte ¿se podría entender la Liga sin el Barça? ¿No hay miles y miles de niños que en toda España y Cataluña tienen como sus ídolos a Carles Puyol o Fábregas, junto a Alonso e Iniesta, del mismo modo que para las generaciones mayores sus más preciados “cromos” representaban a los catalanes Zamora o Ramallets, junto a Luis Suarez, Puchades o Zarra? ¿No compartieron triunfos universales Manuel Santana y Manuel Orantes junto a los catalanes Juan Gisbert y Andrés Gimeno?

En la esfera de la composición de la población, la hibridación entre Cataluña y España es otro elemento que deriva de modo directo en una tupida red de afectos. Cataluña, como Euskadi y Madrid, han sido tierra de llegada de una inmigración que se inició en tiempos del primer desarrollismo de la dictadura y continuó a lo largo de las décadas finales del siglo XX. De los catalanes nacidos antes de 1973 un 52% nacieron fuera de Cataluña, y el 23% de los catalanes son hijos de padres andaluces. No es de extrañar que los apellidos García, Martínez, López, Sánchez Rodríguez, Fernández, Pérez y González sean, con diferencia, los apellidos más frecuentes en Cataluña. Estos datos, sacados a vuelapluma, no tienen otro afán que llamar la atención sobre un hecho tan cierto como importante: probablemente no hay municipio en las tierras de Andalucía, Extremadura o Castilla La Mancha, donde no existan familias que tienen lazos entrañables y cercanos de cariño con sus familiares catalanes.

Los ejemplos que se citan aquí se podrían multiplicar de modo exponencial. Con ellos no pretendemos armar un argumento ante las reivindicaciones de los que quieren separar unilateralmente a Cataluña de España. Nuestro objetivo es mucho más sencillo: queremos llamar la atención sobre la simpatía y apego que tenemos el resto de ciudadanos españoles a nuestros colegas, amigos, familiares que viven y trabajan en Cataluña. Queremos decir alto, claro y del modo más gráfico posible, que ese cariño es una tupida red que, sencillamente, existe.

Ellos y nosotros habitamos simbólicamente La Franja debido a los lazos forjados con nuestros congéneres en el pasado y en el presente, en mutuos afanes, roces, aspiraciones, conquistas e incluso fracasos y traspiés comunes.

Si no nos movemos, si cada uno de nosotros no expresa en voz alta su propia historia de afectos, corremos el peligro de ponerles fronteras. Con ello, todos sin exclusión, nos veremos traumáticamente amputados.

Hagamos algo tan sencillo como decir lo que somos y el apego y el cariño que nos une.

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(1) José Eugenio Abajo Alcalde
Mon, 4 August 2014 10:31:48 +0000

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